ALACRÁN
ENAMORADO
Basado en la
novela con el mismo título de Carlos Bardem.
La película que nos trae a un Romeo y Julieta a la
actualidad. Estreno en 6 días: el 12 de abril. ¡¡¡Película que no hay que
perderse!!!
Sinopsis
Alacrán Enamorado es una fábula urbana de superación
que cuenta la historia de Julián (Álex González), un chico de barrio que junto
con su mejor amigo, Luis (Miguel Ángel Silvestre), integra un grupo de
violentos neo-nazis liderado por Solís (Javier Bardem). Julián empieza a
entrenar en un gimnasio y se ve transformado por la disciplina del boxeo, la
nobleza de su entrenador, Carlomonte (Carlos Bardem), y el amor de una joven
mulata, Alyssa (Judith Diakhate). Julián intenta alejarse de su antiguo grupo,
pero Luis no puede permitir que abandone “la manada”.
ESTRENO 12 de abril de 2013
CARLOS
BARDEM
El
autor de la novela "Alacrán Enamorado"
Carlos Bardem nació en Madrid en
1963. Proviene de la saga de artistas Bardem: su madre es la actriz Pilar Bardem, su hermano, el oscarizado Javier Bardem, y su hermana, también actriz, Mónica
Bardem.
Bardem se licenció en Historia y se diplomó en Relaciones Internacionales. Trabajó en diferentes ocupaciones, como descargar naranjas, camarero, portero, relaciones públicas, azafato de Iberia. Hasta que en 1999 escribió su primera novela, 'Muertes ejemplares', cuya publicación recomendó el jurado del premio Nadal.
Debutó como actor secundario en Más que amor, frenesí (1996) una comedia llena de connotaciones sexuales, de 'drag queens' y drogas. Luego trabajó bajo las órdenes de Álex de la Iglesia en Perdita Durango (1997) junto a su hermano Javier. En Torrente, el brazo tonto de la ley (1998) también tuvo un papel, interpretando a Cayetano.
Bardem, de aspecto robusto y serio, representó a un matón de discoteca en la comedia La gran vida (2000). Después participó como guionista, y también fue actor, en el drama Bestiarnio (2002) dirigido por Vicente Pérez Herrero.
Su oportunidad como actor principal le llegó con la película El desenlace (2005) y como coprotagonista en La bicicleta (2006) del director Sigfrid Monleón.
En 2008 ganó el premio de la Unión de Actores Españoles como Mejor Actor en el filme La zona (2007), un premio que le abrió paso al mercado internacional, dándole a conocer, tanto que participó en Che: Guerrilla (2008) como Moisés Guevara.
Uno de sus últimos proyectos que se estrenó en 2009 fue Celda 211, de Daniel Monzón. Bardem protagonizó a "Apache", un preso de origen sudamericano que ayuda a "Malamadre" (Luis Tosar) a protagonizar el motín de la cárcel. Su excelente actuación le brindó una nominación a los Goya 2010 en la categoría de Mejor Actor de Reparto.
En 2010 estrenó Días de gracia, un thriller que tiene lugar en la Ciudad de México con una historia de secuestros protagonizada por la internacional actriz Eva Longoria. También podremos ver a Bardem en un drama nacional, Entre lobos (2010), junto a Juan José Ballesta y Sancho Gracia.
Bardem es un gran amante de la música brasileña y del jazz clásico. Además, es un gran admirador de los Rolling Stones. A la hora de escribir le gusta utilizar una pluma estilográfica y cuadernos. Admira a los directores John Ford, John Huston, Stanley Kubrick, Julio Medem, Álex De la Iglesia, Mariano Barroso y Vicente Pérez Herrero.
Reunión de tipos duros
Álex González y Miguel Ángel Silvestre se meten en la
piel de dos ultraderechistas.
Una historia de amor y violencia nacida de una novela
de Carlos Bardem.
Visitamos un rodaje al límite bajo la batuta de
Santiago A. Zannou.
Por fuera parece una nave industrial cualquiera, abandonada en medio de una
calle polvorienta de un pueblo a 50 kilómetros de Madrid. Quizá un espectro de
la crisis, levantado junto a un arroyo seco. El edificio se encuentra rodeado
por camiones del equipo de rodaje, carpas de plástico y un par de baños
portátiles. En la entrada hay un tipo con walkie-talkie sudando bajo el
sol inclemente de junio. Un par de voluntarios del SAMUR se refugian en una
sombra escuálida. Al otro lado de la puerta, cuesta unos segundos acostumbrar
la vista a la oscuridad del set. Se percibe un ring en el centro de la
estancia. Sacos de boxeo con el cuero curtido colgados aquí y allá. Máquinas de
musculación. Sobre unas escaleras alguien ha pintado: “Gymnasio Peyro”. Un tipo
negro y con la cabeza afeitada, cuyo cráneo brilla como una bola de billar, se
mueve de un lado a otro con un pitillo entre los dedos, silba melodías
inconexas, aplaude y agita los brazos, y da órdenes incomprensibles a una
treintena de blancos: “Fede, querido del alma, creo que necesitamos ahí detrás
de rasquis al chuster [sic]”. Bebe Coca-Cola Light. Y cuando todo
parece quedar atado, se sienta detrás de unos monitores en una silla plegable
de tela y madera en cuyo respaldo se ha impreso la palabra “Zannou”, se coloca
unos auriculares, da un sorbito de la lata y dice: “¡Acción!”.
El actor nacido en Castellón, al que le apabulló la
inesperada fama de la serie Sin tetas no hay paraíso, emprendió un
camino de no retorno al interpretar a Luis, un fascista violento, rotundo y sin
escrúpulos. Dice que después de esta película, en cuyo rodaje llegó a
desmayarse de dolor, actuar en Los amantes pasajeros, la comedia de
Almodóvar, ha sido como una terapia.
Carlomonte es un púgil retirado y alcohólico, un juguete
roto del boxeo. Ronda los 50 años, supera los 100 kilos, tiene cara de indio y
su voz surge de lo más hondo de una caverna: “Bueno, Rocky, sorpréndeme. A ver
qué sabes hacer. ¡Cierra los codos! Vale, vale, vale… Sombrear no sabes”. A los
pies del cuadrilátero, se dirige a un tipo fibroso llamado Julián, de 27 años,
rapado como un neonazi porque se trata de un neonazi. Liviano, rápido y
venenoso como un alacrán. Aún no está enamorado. Acaba de empezar a recorrer su
camino a solas fuera de la manada fascista. En un cartel colgado de una de las
paredes se lee: “No se puede enseñar nada a un hombre. Solo se puede ayudar a
encontrar la respuesta dentro de sí mismo”. Pero esta no es aún la escena de
las respuestas, sino la del “no sirves para nada, chico, deja este deporte y
lárgate a casa”. Un giro de guion canónico dentro del género. “Vale… sombrear
no sabes. ¡Eh! ¿Adónde vas? El ring es para los boxeadores. A ti te basta con
el suelo”.
“¡Corten!”, grita el director. “¡Muy bien, Carlos! Te veo, te veo, te veo ¡a
tope! Vamos a cambiar de lado”. Y mientras el equipo cumple sus órdenes, Carlos
Bardem, el actor que hace de Carlomonte y también autor de la novela Alacrán enamorado,
que ha dado origen a la película, se acerca con su cuerpo rotundo hasta el
realizador, Santiago A. Zannou; saluda con su mano enorme y dura, y presenta
también al protagonista: “Ese que está ahí haciendo flexiones es Álex
González”. En breve, ambos comenzarán a rodar otra toma en la misma línea.
Carlomonte le pedirá a Julián que haga skipping, unos ejercicios
agotadores moviendo unos neumáticos y saltando en ellos con los pies juntos. El
alumno, después de dejarse la piel, pedirá: “¡Ponme las manoplas, coño, que no
estoy cansado!”. Antes de empezar a rodar, Álex González coge una comba y
comienza a brincar “para llegar cansadillo” a la escena, según dice, cuando de
pronto se le engancha la cuerda en un pie. “¡Joder, qué presión!”, medio sonríe
González. Entonces agita la comba y la convierte en un remolino sibilante.
Bardem añade: “La escena va de eso. Yo quiero que salte y explote”. Zannou
vuelve a sentarse dando una palmada. Otro sorbo a la coca-cola. Otro
pitillo. Y grita: “¡Hoy estamos a tope!”.
Nueve meses después, supimos que aquello no fue un rodaje, sino un campo de
batalla. A unas semanas del estreno (previsto para el 12 de abril), Álex
González trataba de explicarlo, con el pelo ya crecido y acabado en un tupé,
durante la sesión de fotografías que recorren estas páginas: “Para todos, creo,
ha sido una peli importante. Nos jugábamos mucho. Todos estábamos muy nerviosos
y la verdad que… eh… ¿Cómo contar esto?”. Miguel Ángel Silvestre, que se ha
metido en la piel del diablo, un neofascista hipermusculado, despiadado en sus
palizas, con voz ronca y patillas gruesas, se ríe a su lado: “¡Un paseo en
barca, vamos!”. González añade: “Fíjate, lo veo ahora: el método de Santiago
tiene que ver con tenernos a todos sin pisar en terreno firme. Durante un año y
medio, desde el casting, no he pisado terreno firme. Nunca”. Poco a
poco, a lo largo de la sesión, que duró una mañana, fuimos reconstruyendo con
retazos, respuestas esquivas y frases cogidas al vuelo el diario de un proceso
de filmación solo apto para tipos que no tiran la toalla y aguantan en pie
hasta la campanada del último asalto.
Es el autor de la novela Alacrán enamorado, coguionista de la
película, e interpreta a un entrenador en horas bajas que guía, con la
disciplina del boxeo, a un neonazi lejos de la violencia. Le preocupa el auge
de los movimientos de ultraderecha. “En momentos de crisis se empieza a señalar
culpables. Son las chispas para crear una hoguera de odio”.
El germen de Alacrán enamorado se remonta a 2007, durante la
presentación de la novela homónima de Carlos Bardem en la librería madrileña
Ocho y Medio. Álex González, a quien conocía de verlo a menudo en el gimnasio
Barceló, donde ambos practican boxeo, acudió a la cita. Y el autor le dedicó el
libro con estas palabras: “Con mucho cariño, mírate el personaje de Julián. Ja,
ja, ja”. Un tiempo después, cuando el proyecto de película parece salir
adelante, Bardem se encuentra en Los Ángeles, y allí también está González rodando X-Men: los
orígenes, en
la que interpreta a Tornado. El maestro le pide al pupilo que se
quite la camiseta en la calle y le graba con el móvil sombreando, es
decir, moviéndose a solas y lanzando los puños al aire, peleando consigo mismo.
Se lo envía a Santiago A. Zannou, con quien ha estado escribiendo el guion.
Zannou también ha tenido que superar ciertos filtros y nota la presión en el
cogote porque se juega mucho. Después de ganar el Goya a la
mejor dirección novel en 2009 por El truco del manco,
en aquella gala en la que su padre, de origen beninés, gritaba el segundo
nombre de su hijo, Ahuanojinou o “niño de la guerra”, con los puños en alto
desde el palco, Zannou no ha rodado ningún otro largo de ficción. Dirigió El alma de la roja, un documental sobre la
selección española, y luego se dejó todos sus ahorros en otro documental, La puerta de
no retorno,
sobre el regreso de su padre a Benín.
“La peli no había funcionado muy bien”, dice Zannou a la puerta del estudio
de fotografía. Así que necesitaba como fuera que el alacrán saliera a
flote. En un primer cara a cara con el productor, Álvaro Longoria, estuvo a
punto de echarlo todo a perder. Quedaron a cenar en Barcelona. El director da
una calada al pitillo y cuenta la historia, anunciando: “Las noches pueden ser
muy largas”. Aquella velada transcurrió a un nivel de revoluciones
“ultraaltísimo”. Zannou se levantaba y gesticulaba en medio de un restaurante
elegante, para convencerlo de que era la persona idónea para un largometraje
que “tenía que ser muy visceral”. “En esas situaciones solo te tienes a ti, no
hay un tráiler. Tomamos un vino, otro vino…”. Después de cenar, solo
encontraron abierto un bar donde servían chupitos de absenta. “Tenía un
futbolín. Y había allí unos chicos chulos y maleducados”. Zannou y Longoria
pidieron entrar a jugar. “Hicimos equipo desde el primer segundo. Y ganamos.
Pero queríamos seguir hablando sobre el alacrán”. Así que se sentaron. Los
derrotados insistían con una revancha. Se acercaban a su mesa y golpeaban con una
moneda sobre la tabla: “Queremos otra, aquí te pongo el euro”. Cuando la
insistencia comenzaba a resultar algo violenta, Zannou cogió el euro, se lo
metió en la boca y se lo tragó. “No hay euro, no hay partida”, les dijo.
Salieron de la situación airosos y entre risas, pero a Longoria le dio por
pensar que quizá no era la persona para liderar un proyecto de tres millones de
euros. “Pero esa mezcla es lo que tiene mi peli”, se reafirma Zannou. Lo
ficharon. Y el euro se quedó al día siguiente en París.
La presión a la que el director Santiago A. Zannou ha sometido a los
intérpretes ha dado sus frutos. Después de dejarse la piel, Álex González, el
protagonista, dice: “Siempre he sentido cierto pudor en llamarme a mí mismo
actor. Iba a rellenar un formulario y si pedían la profesion, nunca ponía nada.
Con esta peli, más allá del resultado, hay algo que me nombro a mí mismo. Me
digo: ‘Sí, soy actor”.
En el interior del estudio, mientras el fotógrafo Nico
dispara con una Hasselblad sobre el rostro primigenio de Hovik Keuchkerian, un ex
campeón español de los pesos pesados en la vida real que en Alacrán… interpreta al dueño del gimnasio,
Bardem, Zannou, Silvestre y González charlan de cine en el camerino. El primero
pregunta si han visto una película bélica china
llamada Ciudad de vida y muerte. “A su lado, el
soldado Ryan parece que lo han grabado con un móvil”. Bardem, en sus palabras,
es “un culo de mal asiento”. Estudió Historia e hizo un máster en Relaciones
Internacionales. Trabajó de azafato en Iberia. Se marchó a Brasil con un amigo
y montaron un bar llamado La Ruina, en una playa de Armaçao dos Búzios, cerca
de Río de Janeiro. El sueño duró cuatro años. Volvió a España a principios de
los noventa. A partir de ahí, se le puede seguir su pista en numerosas
películas españolas. Hijo de la actriz Pilar Bardem, sobrino del director Juan
Antonio Bardem y hermano del oscarizado Javier
Bardem, con un papel breve en esta película,
digamos que continuó con la tradición familiar. En esa época también comenzó a
escribir (en 1999, su novela Muertes ejemplares recibió una mención
especial del Premio Nadal) y se apuntó a un gimnasio. Ahí se enganchó al boxeo.
Al cuerpo de Alacrán enamorado empezó a darle forma en 2003. Época
de inmigración en España. Época de brotes racistas. Hoy, la novela resulta
tristemente premonitoria de la violencia xenófoba de
Aurora Dorada en las calles de Grecia. El autor dice que suele
escribir desde la mayéutica socrática, haciéndose preguntas. “¿Por qué hay
gente que vive para la violencia y por qué hay otros que la sufren?”, fueron
sus primeros pasos. Luego llegaron “unos hologramas muy claros: un skinhead
y al lado una inmigrante”. El protagonista, Julián, es “un recipiente, un
personaje que se llena de odio. Y cuando odias, no hay sitio para nada más. He
conocido a muchos julianes a los que el boxeo les mejora. Les da una
disciplina. Porque te exige vaciarte, el odio te vuelve lento… Para boxear,
igual que para vivir, si estás lleno de ira, lo más probable es que te sienten
de culo”. En la película, Carlos Bardem es el entrenador acabado que ve en el
pupilo (Álex González) el luchador que él pudo llegar a ser. Su hermano Javier
Bardem interpreta a un intelectual siniestro que riega con violencia el cerebro
diminuto de un grupo de jóvenes facciosos. Judith Diakhate es la chica “de
color” de la que se enamora Julián Alacrán López. Y Miguel Ángel
Silvestre se convierte en la sombra oscura del protagonista. El neonazi que ve
cómo su “hermano” abandona la jauría y lo deja solo. Ahí sí que hay odio.
Silvestre exuda violencia como un pozo de aguas negras. En un momento del
metraje, mientras baja unas escaleras en medio de la noche, hablando alemán con
intenciones macabras, El Duque, ese narcotraficante guaperas de la serie Sin tetas no
hay paraíso
con el que el actor logró una fama meteórica, deja de ser El Duque
para siempre.
Impresiona su vitalidad y su verbo rápido. En 2009,
este hijo de beninés y aragonesa ganó el Goya a la mejor dirección novel por El
truco del manco. Luego rodó dos documentales y se gastó todos sus ahorros
en el camino. Así que en su vuelta a la ficción sometió a los protagonistas a
un nivel de exigencia altísimo: “Quería meterles el veneno del alacrán en el
cuerpo. Lo malo es que después necesitas un antídoto. Rodar conmigo es una
batalla”.
En otro receso de la sesión fotográfica encontramos a Zannou de pie y a
Silvestre sentado en una silla. Parece una terapia. El director le habla al
actor del Barça. Le dice que hay muchos que prefieren que el equipo caiga
contra el Milan en la eliminatoria que se disputa al día siguiente. En realidad
le habla de otra cosa. De un sentimiento muy común en España, ese que, en lugar
de alegrarse, critica que Javier Bardem participe en una película española ocho
años después (Mar adentro fue la última), o censura el hecho de que
Silvestre se arriesgue con un papel “de auténtico cabronazo en el que no besa a
ninguna chica”. Pero zanja: “Es el personaje del que más orgulloso estoy”.
La preparación fue dura. Tiempo antes de empezar a filmar, el director
invitó a Álex, Miguel Ángel y a Elio Toffana, los tres jóvenes salvajes de la
cinta, a pasar cuatro días en su casa de 30 metros cuadrados. “Así estáis
conmigo y me veis”, les dijo. Puso unos colchones en el suelo y les dio unas
mantas, “como a los boy scouts”. Los despertaba con la canción Maradona, de Rodrigo, o con
Invincible, de Muse.
Desayunaban juntos, entrenaban juntos, les ponía vídeos. “Guardiolita me
llamaban. Teníamos que generar confianza, porque después, en la película, creas
algo muy potente y visceral. Les decía: ‘Va a ser un viaje emocional que lo
vais a flipar’. Quería meterles el veneno del alacrán en el cuerpo”.
Álex González recuerda aquellas jornadas: “Estábamos
extenuados, con un nivel de violencia en el cuerpo… Nos pasaba un poco como al personaje de Malcolm McDowell en La naranja
mecánica. No podíamos con más”.
Zannou cuenta que antes de empezar “el proceso”, decidió bañarse en su propia
sangre, un ritual que suelen hacer algunas tribus en Benín antes de la batalla.
Era su primera película con actores “de tantísimo nombre”. Y le llamaban del
banco preguntando por las deudas que le había dejado el documental sobre su
padre. “Necesitaba sentirme como un guerrero”, dice. En su casa, frente al
espejo, se pegó un tajo en cada brazo y otro en el pecho. “Cada director tiene
sus viajes, y Santiago Zannou, que es visceral, tiene algunos bastante
fuertes”, dice de sí mismo. “Rodar conmigo es una batalla”. El director logró
tumbar a los dos gigantes. Silvestre se desmayó de dolor por un desgarro en una
pierna después de una carrera para dar una paliza a un inmigrante; dice que
acabó somatizando tanta violencia contenida y que eso le hizo “perder el
control”. A González le dieron dos lipotimias y le apareció una erupción en la cara.
Ambos guardan cicatrices en los nudillos. “La visceralidad está muy bien como
resultado, pero el proceso tiene un problema: las hostias eran reales”, dice
González.
Este tipo de físico contundente es el único boxeador
real de Alacrán… Campeón de España de pesos pesados en 2004, entró en
una espiral de autodestrucción al colgar los guantes, hasta que se recicló como
monologuista en Paramount Comedy. Empezó de actor en la serie Hispania.
Se define como “el único personaje que tiene paz, que tiene luz. La peli me ha
devuelto la pasión por entrenar”.
Zannou se pasó las siete semanas de rodaje con niveles de tensión de 17-11.
Lo cuenta como una locomotora: “Les pedía que en la mirada estuviese la furia y
la rabia. A veces me acercaba a hablar con ellos y eran los personajes. Eso te
asusta. Estaban muy lejos de ellos como personas. El sistema era generar
tensión todo el rato. Hubo muchísimas explosiones. Lo bonito es que ocurrieron
delante de la cámara. Sufríamos bajas de vez en cuando. Pero hacíamos como los
soldados: lo levantábamos entre todos. Parecíamos Tom Berenger en la película Platoon. Con 19 tiros en
el cuerpo y seguían avanzando. Porque se puede seguir”. Y de eso al final va la
película. “Por más veces que te tiren, hay una fuerza que te hace levantarte”.
Una historia violenta para denunciar la violencia; los “fascismos
cotidianos”, en palabras de Bardem, tan fáciles de inocular en tiempos de
crisis. “Una fábula”, prefiere el director, sobre la superación. Lo dice un
tipo que ha sufrido en sus carnes esa mirada xenófoba. Y que salió del barrio
de Carabanchel, abandonando la burbuja del grupo, para jugárselo todo al cine.
Carlos Encinas Bardem
Biografía
Hijo de la actriz Pilar Bardem y hermano del también actor (oscarizado) Javier Bardem. Se encuentra en uno de los mejores momentos de su vida.
Su novela llevada al cine, una novia de vértigo, coincide con su hermano en el
reparto…
Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid.
Diplomado en relaciones exteriores.
Ha estado trabajando en diferentes ocupaciones hasta
que en 1999 escribió su primera novela 'Muertes Ejemplares[1] recibió
una mención especial del jurado del Premio Nadal en 1999. En 2009 edita su novela Alacran Enamorado
donde lleva hasta nuestros días la historia de Romeo y Julieta, con personajes
raciales, casi marginales, bien narrados.
A través de su twitter ha protagonizado numerosos
enfrentamientos con otros usuarios casi siempre por desacuerdos en temas de
copyright y/o subvenciones al cine español. De cara a las elecciones generales de 2011 manifestó su apoyo a la candidatura de Izquierda Unida.
Filmografía
Como actor
Transgression (2011)
Entrelobos (2010)
Gardel (2010)
Bitter Grapes (2010)
Días de gracia (2010)
Malamuerte (2009)
Celda 211 (2009)
El niño pez (2009)
Solo
quiero caminar (2008)
Che: Guerrilla (2008)
La señal (2007)
La zona (2007)
Los fantasmas de Goya (2006)
Alatriste (2006)
La Bicicleta (2006)
El desenlace (2005)
Princesas (2005)
Bestirio (2001)
Juego de luna (2001)
La gran vida (2000)
Código natural (1999)
Volavérunt (1999)
Perdita Durango (1997)
Resultado final (1997)
Más que amor, frenesí (1996)
Como
guionista
Premios y nominaciones
Año
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Categoría
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Película
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Resultado
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Candidato
|
Premios de la Unión de Actores
Año
|
Categoría
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Película
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Resultado
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Ganador
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Ganador
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Medallas del Círculo
de Escritores Cinematográficos
Año
|
Categoría
|
Película
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Resultado
|
2009
|
Mejor actor secundario
|
Candidato
|
Año
|
Categoría
|
Película
|
Resultado
|
2010
|
Mejor actor secundario -
Cine
|
Ganador
|
Y ahora...
¡¡¡Alacrán Enamorado!!!
Seguro que cosechará muchos éxitos
Guadalajara 6 de abril de 2011




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