martes, 30 de abril de 2013

Bangladés y los responsables de 402 muertos.

¿Quiénes son los culpables?
El pasado 24 de abril un edificio entero se desplomaba como una torre de naipes. El edificio estaba dedicado a empresas textiles en las que el empresario ofrece los productos a un precio bajísimo, condiciones laborales inhumanas, siete días laborables y 24€ al mes por trabajador, en su mayoría mujeres.
Ya está, la tragedia se ha hecho realidad. 800 muertos. ¡800! ¿Se podía haber evitado? Sí, podía haberse evitado.
El propietario del edificio fue arrestado el mismo día Mohamed Shoel Rana, ciudadano de Dacca, localidad dónde se ubicaba el edificio. Tenía arrendado el inmueble por pisos a distintos empresarios, tres de ellos, ya detenidos y el cuarto, un empresario catalán que se dio a la fuga también ha sido arrestado junto a dos ingenieros.
Parece ser que el segundo culpable ha sido este empresario compatriota, David Mayor, director gerente de Phantom Tac., con sede en Reus. Los empleados le mostraron las grietas que aparecieron de repente el día anterior y él decidió seguir con la producción cuándo debería haber desalojado el edificio.
El primer responsable es el dueño del edificio por tenerlo arrendado sin hacerse responsable de los desperfectos.
Los terceros, los empresarios locales que estaban en las otras plantas y los cuartos, los ingenieros que no desalojaron al estudiar el estado del edificio.
Que las condiciones de trabajo son tercermundistas, todos estamos de acuerdo, seis días laborables a la semana con largas jornadas diarias de trabajo por 28€ al mes.
Otro responsable: Shoel Rana, también dirigente de las juventudes del partido de la primera ministra Sheik Hasina, ha sido localizado y detenido en un paso fronterizo con India y trasladado en helicóptero a Dacca. En paralelo prosiguen las investigaciones y los arrestos. Está acusado de construir el edificio con materiales de mala calidad y de añadir varias plantas sin permiso.
La empresa Phantom Tac, que el español gestiona con un socio bangladeshí ya detenido, Aminul Islam, ocupaba 2.000 metros cuadrados en la cuarta planta, según su web, del edificio de ocho plantas que se desplomó el miércoles. Unos 3.000 trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes, cosían en varias  fábricas de talleres textiles prendas que vendían a  empresas occidentales como El Corte Inglés, Primark, Loblaw, Bon Marché o Group PWT que les venden por un puñado de euros.
La catástrofe, pone en jaque una vez más a un sector que el año pasado generó 15 millones de euros en exportaciones, y que contribuyó a difundir en casi todos los hogares occidentales la etiqueta 'Made in Bangladesh'.
"El Gobierno dijo hace dos años que tomaría medidas para mejorar la seguridad en las fábricas, pero nunca cumple sus promesas", denuncia Scott Nova, director ejecutivo del grupo por la defensa de los trabajadores con sede en Washington, Worker Rights Consortium.
"Las autoridades creen que una regulación de las condiciones laborales más estricta supondría aumentar los costes de producción, lo que daría lugar a que las empresas extranjeras hicieran sus pedidos a otros lugares", asegura Nova.
Dueño del edificio al ser detenido.
¡SE NECESITAN SOLUCIONES!
Mango ha decidido asumir parte de su responsabilidad. Una buena publicidad para su imagen y su firma.... Aunque la compañía barcelonesa asegura que en esos talleres no se fabricaban sus prendas, el grupo ha optado por dar un paso adelante y reconocer que había productos con su marca en el lugar del suceso. Para compensar a las víctimas, la empresa ha fichado a un exdirectivo de Inditex experto en solucionar conflictos laborales en países del tercer mundo.
Se trata de Javier Chércoles, el que fuera director del departamento de Responsabilidad Corporativa del grupo gallego entre 2001 y finales de 2010. Procedente de PricewaterhouseCoopers, donde era el responsable del área de consultoría de Reputación Corporativa, fue el encargado de establecer el Código Ético Interno de Conducta, cuyo pilar fundamental era garantizar el respeto por los derechos fundamentales de los trabajadores. En otras palabras, evitar la contratación de menores en sus fábricas o en las de sus proveedores, la discriminación por raza, sexo o religión, así como cuidar la salubridad de las instalaciones.
Mango ha considerado que lo mejor era ponerse en sus manos para sofocar un 'incendio moral' que pone en tela de juicio su responsabilidad social. Según han confirmado distintas fuentes, Chércoles se va a encargar de analizar la situación, contactar con las víctimas, con las autoridades locales y los representantes de los trabajadores para, llegado el caso, proceder al pago de la compensación oportuna.
El grupo propiedad de Isak Andic no fabricaba ropa en el lugar del suceso, pero según ha confirmado la propia compañía había pedido muestras a algunos de los talleres para empezar a producir sus prendas en breve. Ya tenía acuerdos pactados y preparado parte del material. Lo cual quiere decir que, si el siniestro se hubiera producido dentro de un mes, uno de esos proveedores que fabrica en condiciones inhumanas sería una subcontrata de la empresa española.
Por este motivo, con el objetivo de cumplir con sus compromisos con los derechos humanos, Mango ha creado un grupo de trabajo que será dirigido por Javier Chércoles para comenzar un diálogo con las partes implicadas: BNC (el mayor sindicato), la ONG Bangladesh National Women's Lawyers Associations, Naripokkho, una organización civil de mujeres, y la Bangladesh University, especializada en crisis y desastres.
Mango quiere poner en marcha un plan de emergencia con otros fabricantes (se habla de Primark) para compensar a las familias de fallecidos y heridos, en aras de cumplir con la Bangladesh Welfare Act, la ley desarrollada en 2006 por The International Textile, Garment and Leather Workers Federation, una organización internacional en la que participa Chércoles. 
El exdirectivo de Inditex es un especialista en auditar las fábricas donde se producen más del 90% de las prendas de las principales multinacionales del sector textil y deportivo. Durante su etapa en Inditex, el consultor pasó largas temporadas en países como Bangladesh, Camboya, Turquía o Brasil comprobando que los suministradores respetasen de forma estricta los derechos de los empleados. Especialmente en aquellas subcontratas que tenían sus centros de producción ocultos en medio de las selvas, en lugares de muy difícil acceso para cualquier observador de derechos humanos.
En su énfasis por evitar cualquier ilegalidad laboral, el ejecutivo madrileño llegó a convencer a Inditex de que había que cerrar una fábrica en Daca (Bangladesh), que pertenecía a uno de sus proveedores. El propio Chércoles se desplazó al país asiático en 2008 para comprobar que allí se sucedían los abusos verbales y físicos, así como los recortes salarios por posibles errores en la producción.
Los dos talleres no estaban cerca entre ellos, pero Chércoles admitió que era posible que se hubiera transferido parte de la producción de uno a otro sin la autorización ni el conocimiento de Inditex. Una maniobra muy habitual en la actualidad con la que se consigue que los proveedores abaraten la mano de obra para que después los artículos se pongan en los escaparates de las tiendas occidentales a precios muy bajos.
Nos hemos lanzado, principalmente, a la yugular de El Corte Inglés y hay muchos responsables, incluido el propio Gobierno de Bangladés.
Los comerciantes compran al por mayor en el sitio más barato que encuentran y estos empresarios con sede en Dacca, ofrecen precios irrisorios lo que hacía que estos comerciantes de distintos puntos de la geografía comprasen allí.
De las condiciones de trabajo y de los sueldos se encargan los empresarios de las fábricas, no El Corte Inglés.
Estos datos chocan cuándo se conoce que España es el tercer país del mundo que más fábricas textiles tiene en su territorio, 28. Pero la mayoría de ellos, cosen para diseñadores de prestigio.
Nosotros, ¿últimos culpables? Pues tampoco. No vamos a ser culpables por comprar ropa que ponga Made in Bangladés. En primer lugar porque, personalmente, no conozco ninguna tienda o cadena comercial en cuyas etiquetas figure el "Made in Bangladés". China sigue siendo la reina en la venta de las prendas que llevamos.
¿Qué hacemos? Yo no puedo permitirme llevar ropa de modistos o diseñadores, por cierto, de venta en El Corte Inglés. Tampoco puedo permitirme una modista particular que me diseñe y me haga la ropa. Compro dónde puedo, en Venca, la Redoutte, el mercadillo... Y puedo asegurar que en la mayoría de mi ropa tiene etiquetas con Made in China. ¡Hasta el mando de la tele!
Y nos quieren hacer responsables de las condiciones de trabajo de fábricas de Dacca o de cualquier punto de Oriente. ¡No somos responsables! Somos consumidores y cuando podemos y buscando, al igual que los empresarios, lo más barato o asequible a nuestra economía.
No me siento culpable en absoluto, me horrorizo por la tragedia y espero que el Gobierno capitalista de ese país ponga los medios para que estas fábricas no proliferen aún a costa de no exportar tantos millones.
Nuria Monje, 30 de abril de 2013


ÚLTIMA HORA:
El Corte Inglés abre una acción de ayuda a las familias de las víctimas.Una ayuda que se canalizará a través de ONG's locales, que se encargarán de hacerla llegar a los damnificados y las familias de los trabajadores de la empresa proveedora. Además, se ha avanzado en un proyecto de coordinación internacional con otras empresas que permita dar soporte a largo plazo a las víctimas de este incidente. Esta acción, según explica El Corte Inglés, se enmarca dentro de los trabajos e iniciativas internacionales en los que la compañía española participa desde hace tiempo y que tienen como objetivo mejorar las condiciones laborales de la industria textil en Bangladesh.



La ayuda se canalizará a través de ONG's locales para hacerla llegar a los damnificados El Corte Inglés mostró el pasado fin de semana su pesar ante la triste noticia del hundimiento de un edificio en la localidad de Savar. Además, tras conocer el incidente, inició las indagaciones oportunas, determinando que hubo relación comercial con una de las cuatro fábricas afectadas, donde se había producido un número reducido de prendas. Asimismo, la firma española desveló que ayer participó en una reunión, celebrada en Frankfurt, bajo la coordinación de la Agencia Alemana de Cooperación al Desarrollo (GIZ), con el objetivo de establecer un programa de supervisión y mejora de infraestructuras industriales en Bangladesh que, coordinado con el Plan Tripartito de Acción Nacional para la Industria Textil, evite accidentes relacionados con las deficiencias en las edificaciones.
 
¡Consumo responsable en contra del Capitalismo!
Triste 1º de Mayo



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